Torres Piña, cercano a los pueblos originarios: autonomía que se convierte en resultados

Durante años, numerosas comunidades de pueblos originarios dependieron de la voluntad de los ayuntamientos para atender sus principales necesidades. Gestionar, insistir y esperar eran parte de una dinámica que, con frecuencia, les permitía concretar apenas una obra al año.

El presupuesto directo comenzó a cambiar esa realidad. Hoy, algunas comunidades pueden ejecutar cinco, seis o hasta siete obras con sus propios recursos, al ser ellas mismas quienes determinan qué necesidades atender primero y cómo administrar el presupuesto.

Carlos Torres Piña ha explicado que una de las claves de este modelo está en que, cuando el recurso llega directamente a las comunidades, puede rendir más porque recupera una práctica que durante años había quedado relegada de la política institucional: la faena.

La participación de los habitantes en el trabajo, el cuidado de las obras y la organización colectiva fortalecen el sentido de comunidad. Por ello, el autogobierno no representa únicamente una nueva manera de administrar recursos públicos, sino también una forma distinta de construir política pública desde las propias comunidades.

Ese proceso, de acuerdo con lo que Torres Piña ha encontrado durante sus recorridos, ha generado reconocimiento por los avances alcanzados, pero también nuevas demandas. Entre ellas destaca la necesidad de una mayor coordinación entre los autogobiernos y las autoridades estatales y federales en materia de seguridad, siempre con respeto a sus formas de organización y con el fortalecimiento de sus capacidades para proteger sus territorios.

La salud es otro de los temas que ha cobrado fuerza. Las comunidades buscan que la autonomía vaya más allá del manejo presupuestal y se traduzca también en médicos, medicamentos, atención cercana y servicios acordes con las condiciones particulares de cada región.

Estas demandas reflejan que el autogobierno de los pueblos originarios está entrando en una nueva etapa: una en la que los avances en materia de autonomía también generan nuevas expectativas sobre seguridad, salud y coordinación institucional.

En ese contexto se explica la cercanía que se reconoce en Torres Piña con las comunidades. Más que una presencia ocasional, se trata de conocer sus formas de organización, acompañar sus procesos y regresar para escuchar cuáles son los siguientes retos.

La experiencia deja una lección central: cuando se confía en las comunidades y se les permite decidir sobre sus recursos, la participación aumenta, las obras responden mejor a sus necesidades y el gobierno puede funcionar de manera más cercana y efectiva.