Es tiempo de mujeres, también de decidir: más de 3 mil respaldan a Carlos Torres Piña

  • Más de 3 mil mujeres de distintas regiones de Michoacán participaron este domingo en una asamblea con Carlos Torres Piña, en una concentración que coloca sobre la mesa una discusión política: que el “tiempo de mujeres” también implica libertad para decidir a quién respaldar.

La imagen más significativa del encuentro no fue únicamente la de Carlos Torres Piña frente a un auditorio lleno, sino la presencia de miles de mujeres provenientes de diferentes regiones del estado. Por su dimensión, la asamblea se convirtió en una de las mayores concentraciones femeninas realizadas hasta ahora en torno a los perfiles que buscan encabezar la coordinación estatal de la defensa de la Transformación.

La convocatoria abre una discusión que ha cobrado fuerza durante las últimas semanas: si “es tiempo de mujeres”, ¿significa necesariamente que las mujeres deben respaldar a una mujer?

Algunas aspirantes han construido parte de su posicionamiento alrededor de esa premisa. En el monitoreo digital de las últimas semanas, la frase “Es tiempo de mujeres” aparece asociada de manera recurrente con Fabiola Alanís, junto con mensajes que buscan colocarla como uno de los perfiles femeninos mejor posicionados.

La reivindicación tiene un peso histórico indiscutible. México cuenta por primera vez con una mujer en la Presidencia de la República y, después de décadas de exclusión, las mujeres han conquistado espacios de poder que durante generaciones les fueron negados.

Sin embargo, una cosa es reivindicar la participación política de las mujeres y otra convertir esa reivindicación en una obligación electoral.

El principio de autonomía política implica precisamente que nadie decida por ellas. Bajo esa lógica, sería contradictorio sustituir una tutela por otra: antes se sostenía que la política era asunto de hombres; ahora no tendría sentido afirmar que, por ser mujeres, sólo es legítimo apoyar a una candidata.

La verdadera conquista está en que una mujer pueda votar por una mujer o por un hombre y exigir a ambos lo mismo: resultados, trayectoria, propuestas, capacidad y confianza.

Una base femenina que gana relevancia

La presencia de más de 3 mil mujeres en el encuentro con Torres Piña no constituye una encuesta ni permite concluir que existe una preferencia mayoritaria del electorado femenino en Michoacán. Hacerlo sería metodológicamente incorrecto.

Sí representa, sin embargo, una señal política relevante: el aspirante ha construido una base femenina amplia y territorialmente diversa, capaz de cuestionar la idea de que el respaldo de las mujeres pertenece de manera automática a las candidaturas encabezadas por mujeres.

Durante su intervención, Torres Piña recurrió primero a un terreno personal al hablar de su madre, sus dos hijas, su esposa y las mujeres que han acompañado su trayectoria política.

Después llevó el discurso hacia problemáticas concretas: las mujeres que combinan empleo y tareas de cuidado, las trabajadoras rurales cuyo esfuerzo permanece muchas veces invisible, empresarias que enfrentan dificultades para acceder a créditos y contratos, jóvenes que buscan oportunidades y mujeres que modifican sus horarios y recorridos por temor a regresar solas.

La diferencia es importante. Hablar de “las mujeres” como una categoría política homogénea puede ocultar la diversidad de sus experiencias.

Una productora de la Meseta Purépecha, una empresaria de Morelia, una comerciante de Sahuayo, una estudiante de Zitácuaro o una jornalera de Tierra Caliente pueden compartir desigualdades estructurales, pero enfrentan también problemas distintos. Una política pública efectiva debe reconocer ambas realidades.

Mujeres, organización y poder territorial

Torres Piña también reconoció el papel de las mujeres que forman parte de su estructura política, un aspecto que suele quedar fuera del centro de las fotografías y los discursos.

En los proyectos territoriales, son numerosas las mujeres que organizan reuniones, coordinan municipios, mantienen redes comunitarias, movilizan estructuras y atienden problemas cotidianos. Su participación no es secundaria: constituye una parte fundamental de la organización política.

El respaldo observado en la asamblea tampoco tiene una explicación única. Puede relacionarse con los años de trabajo territorial de Torres Piña, su experiencia como legislador y funcionario público, la presencia de mujeres en sus equipos y la relación que ha construido con distintos sectores del estado.

Otro elemento que el propio aspirante ha buscado colocar como atributo de su proyecto es la escucha como punto de partida antes de plantear soluciones.

¿Qué significa realmente que “es tiempo de mujeres”?

La frase puede tener dos interpretaciones.

Una consiste en entenderla como la necesidad de que determinadas posiciones sean ocupadas por mujeres como una especie de turno histórico. La otra implica algo más profundo: que las mujeres tengan mayor poder económico, seguridad, representación pública, capacidad para decidir sobre sus propias vidas y una influencia efectiva en las políticas gubernamentales.

La segunda interpretación es más exigente porque no se agota en el género de quien ocupa un cargo.

La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia representa un hecho histórico de enorme relevancia simbólica. Rompió un techo de cristal que durante más de dos siglos parecía infranqueable. Pero la transformación no termina con que una mujer llegue a la Presidencia.

La pregunta siguiente es qué cambia para las millones de mujeres que no ocuparán un cargo público: las que trabajan, cuidan, producen, estudian, emprenden, migran o viven en comunidades rurales.

Ahí es donde la representación simbólica debe convertirse en políticas concretas.

Una decisión que corresponde a las mujeres

La asamblea encabezada por Torres Piña no define por sí misma quién cuenta con mayor respaldo entre las mujeres michoacanas. Tampoco resuelve la competencia por la coordinación estatal.

Sí deja, en cambio, un mensaje político: las mujeres serán un componente decisivo de cualquier definición futura y ningún aspirante puede considerar su respaldo como algo automático.

Las candidaturas tendrán que disputar su apoyo mediante argumentos, trabajo, resultados y capacidad de representación, independientemente de si quien encabeza el proyecto es hombre o mujer.

Las más de 3 mil asistentes no resuelven la competencia, pero sí cuestionan una simplificación: una candidatura masculina puede construir una relación política amplia con las mujeres sin que eso signifique negar el avance histórico de los liderazgos femeninos.

No existe contradicción si se entiende que igualdad no significa que representante y representada deban compartir género.

Quizá ahí se encuentra el dato político más relevante de la asamblea.

Durante décadas, las mujeres lucharon para que nadie decidiera por ellas. Ahora que han conquistado una mayor participación y poder político, tampoco debería decidirse de antemano cuál tiene que ser su elección por el simple hecho de ser mujeres.

Es tiempo de mujeres, sí. Pero precisamente por eso, también es tiempo de que las mujeres decidan.

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